miércoles, 14 de marzo de 2012

"YA NO HAY NADA QUÉ HACER"


"YA NO HAY NADA QUÉ HACER" Por ANACRISTINA ARISTIZÁBAL URIBE |
No podemos dañar a los jóvenes. No les podemos inyectar el pesimismo adulto. Los adultos tenemos que entender que los niños y los jóvenes están ansiosos por aprender y saber más, al futuro no lo ven negro y están cansados de oír las quejas de los adultos. Ellos están descubriendo el mundo y en todo ven posibilidades de construcción.


Pero algunas veces los profesores se equivocan cuando hablan con desesperanza o incredulidad en clase. Del buen maestro no brota "pesinilina", sino que brota entusiasmo y confianza. Hay que ver cómo responden estos chicos cuando ven a un adulto creyendo en ellos, alentándolos, abriéndoles el panorama, permitiéndoles soñar, valorando lo que dicen, lo que piensan, lo que hacen.

Infortunadamente a muchos profes los doblega su propia maleta de problemas, y reaccionan de manera negativa ante las iniciativas de los estudiantes. No sé a cuántos jóvenes les he oído decir que por las palabras de cierto profesor, en alguna de las etapas de su vida, dejó de creer en su propia vocación y decidió matar sus propios sueños.

Hace pocos días la editorial de la UPB publicó el libro "Retratos escritos, noveles reporteros escriben sobre personajes de Medellín". Algunos estudiantes de la Facultad de Comunicación Social escribieron nueve semblanzas. Fue un compromiso de clase procesado con paciencia y asumido con entrega y disciplina.

Yo vi la pasión de esos estudiantes trabajando durante el semestre, y la explosión de alegría cuando recibieron el libro impreso: entendieron que se puede soñar, y que lo que se sueña, se puede lograr. Solo necesitaron un adulto que los impulsara, creyera en ellos y les permitiera volar. Y una institución que los apoyara financieramente.

Los seres humanos solo necesitamos que alguien nos anime, enrute y ayude a creer que lo que hacemos sirve y vale la pena. El futuro lo tenemos los adultos en las manos, solo que debemos actuar sin egoísmo para entregarlo con esmero, confiando en que los jóvenes lo van a mejorar.

Ellos son los primeros que quieren cambiar, para bien, el panorama. Pero muchas veces los adultos les inyectan su propio miedo al cambio.

Ellos son un mar de esperanza y no podemos sumergirlos en el pozo del pesimismo adulto. Si muchos adultos piensan que el panorama actual no es alentador, tienen que entender que eso no se les puede transmitir a los jóvenes, porque ellos habitan en "el todo por hacer" y hay que dejarlos hacer, aunque muchos adultos estén muriendo en medio del "ya no hay nada qué hacer".

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